En estos días aciagos, tras los acontecimientos ocurridos en Valencia tras una terrible Dana
poco cabe que decir más que lamentarnos por las tragedias ocurridas, las tierras devastadas y sobre todo las vidas perdidas.
En este momento no podemos perdernos en los reproches políticos, las pugnas territoriales ni otras tonterías por el estilo.
Es el momento de arrimar el hombro, cada uno dentro de sus posibilidades.
Un Euro de solidaridad, un cubo y una fregona si estas cerca o simplemente un hombro sobre el llorar si alguien cercano lo necesita.
Quedan por delante bastantes días de trabajos para recuperar una relativa normalidad, para restaurar mínimamente las heridas recibidas y llorar por las vidas malogradas.
Pero al final, volveremos a estar en el punto de partida y tendremos que enfrentarnos a la estupidez humana que pretende que es mejor un beneficio económico rápido que tener en cuenta que hay fuerzas que no podemos prever ni controlar.
Es necesario por lo tanto aplicar el más común de los sentidos que es sentido común, que nos dice que contra la naturaleza desatada no hay nada que hacer.
Que las vidas son importantes y que hay que intentar preservarlas.





